PSICOLOGÍA INFANTIL

¿Qué haremos en la valoración de tu hijo?

 

El bienestar emocional es tan importante como la salud física en el desarrollo de un niño. La psicología infantil acompaña a los pequeños y a sus familias en situaciones de dificultad emocional, conductual o de aprendizaje, ofreciendo un espacio seguro donde comprender lo que sienten y ayudarles a expresar sus emociones.

PSICOLOGÍA INFANTIL

En nuestro centro, la intervención se adapta a cada niño y se apoya en el juego como herramienta terapéutica. Abordamos aspectos como:

  • Problemas de conducta.
  • La gestión de emociones (miedos, ansiedad, autoestima, tics)
  • Trastornos por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad.
  • Déficits cognitivos (perceptivos, atencionales, de memoria, de solución de problemas, de comprensión…)
  • Trastornos del aprendizaje
  • Trastornos de la comunicación
  • Dificultades en las relaciones sociales
  • Trastornos de la conducta alimentaria.
  • Enuresis y encopresis.
  • Depresión infantil.
  • Trastornos del sueño.
  • Trastornos de la personalidad.
  • Situaciones familiares que impactan en el bienestar del niño (problemas en las relaciones familiares)

Nuestro objetivo es favorecer un crecimiento emocional sano, reforzar la confianza de los padres en el acompañamiento y dotar a toda la familia de herramientas prácticas para afrontar cada etapa.

¿Qué es exactamente la psicología perinatal y en qué se diferencia de la psicología general?

La psicología perinatal es la especialidad que acompaña a la mujer y su familia durante el embarazo, el parto, el postparto y la crianza temprana. No se limita a tratar problemas cuando ya han aparecido: su enfoque es también preventivo, porque la etapa perinatal es uno de los períodos de mayor vulnerabilidad emocional en la vida de una mujer, con cambios hormonales, de identidad, de pareja y de rol que ocurren todos al mismo tiempo.

La diferencia con la psicología general es la especificidad del contexto: una psicóloga perinatal conoce en profundidad los procesos emocionales propios del embarazo, el duelo gestacional, el impacto del tipo de parto en el bienestar emocional, la construcción del vínculo madre-bebé y los trastornos más frecuentes en este período, como la depresión perinatal o la ansiedad prenatal. En Centro Aluna contamos con este perfil especializado precisamente porque entendemos que el acompañamiento psicológico en la maternidad requiere una mirada distinta a la de una consulta general.

¿Cómo sé si lo que siento es "baby blues" o algo más serio que necesita atención?

Esta es, con mucha diferencia, la pregunta que más se repite en foros de madres y grupos de postparto, y también la que más ansiedad genera. La distinción es importante y tiene una base clínica clara. El baby blues o tristeza puerperal es una reacción emocional normal que aparece entre los dos y cuatro días después del parto, caracterizada por llanto fácil, irritabilidad, fatiga emocional y oscilaciones del ánimo. Afecta a entre el 50% y el 85% de las mujeres y se resuelve de forma espontánea en torno a los quince días.

Cuando los síntomas persisten más allá de dos semanas, se intensifican, o incluyen dificultad para vincularse con el bebé, pensamientos negativos recurrentes, sensación de no poder cuidarle o de no quererle como «se supone que deberías», es muy probable que estemos hablando de depresión postparto, que afecta aproximadamente a entre el 10% y el 15% de las madres. La diferencia no es de intensidad emocional sino de duración, funcionalidad y su impacto en la relación con el bebé. Pedir ayuda en este punto no es un signo de debilidad ni de ser mala madre: es exactamente lo que haría cualquier buena madre que reconoce que algo no va bien. En Centro Aluna podemos hacer una valoración en consulta para ayudarte a entender qué está pasando.

Siento que el embarazo o el postparto me genera mucha ansiedad, ¿es normal? ¿Cuándo debería consultar?

La ansiedad durante el embarazo y el postparto es más frecuente de lo que se reconoce públicamente. Se estima que en torno a una de cada cinco mujeres desarrolla algún trastorno de salud mental durante el embarazo o en el primer año tras el parto, siendo la ansiedad tan prevalente como la depresión, aunque recibe mucha menos atención. Sentir cierta preocupación ante un cambio tan grande es esperable y adaptativo. Lo que indica que conviene buscar ayuda es cuando la ansiedad se vuelve constante o muy intensa, interfiere con el sueño o con las actividades cotidianas, genera pensamientos intrusivos difíciles de controlar, o afecta a la relación con la pareja, con el bebé o con el propio cuerpo.

La evidencia científica señala la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) como el tratamiento psicológico de primera elección para la ansiedad y la depresión perinatales, con eficacia demostrada tanto en formato presencial como en acompañamiento combinado. No es necesario esperar a estar en crisis para consultar: cuanto antes se interviene, más fácil y más rápida es la recuperación.

¿Cómo sé si mi hijo necesita ir al psicólogo? ¿No es demasiado pequeño?

Esta duda aparece constantemente entre los padres, y detrás suele haber dos miedos simultáneos: el de estar «exagerando» y el de haber «fallado en algo». Ninguno de los dos tiene que ver con lo que realmente indica que un niño puede beneficiarse de apoyo psicológico.

Las señales que orientan a consultar son cambios bruscos e inexplicados en el comportamiento, rabietas de una intensidad o frecuencia que desbordan lo esperable para su edad, miedos que limitan su vida cotidiana o la de la familia, dificultades para dormir que persisten semanas, problemas de relación con otros niños o en el colegio, o una tristeza o retraimiento que no corresponde a su manera habitual de ser. En cuanto a la edad: no existe una edad mínima para recibir apoyo psicológico. Los niños pequeños trabajan de forma diferente a los adultos —con juego, narrativa y acompañamiento parental—, pero la intervención temprana tiene una evidencia sólida en la prevención de problemas más complejos en etapas posteriores. Cuanto antes se atiende una dificultad emocional en la infancia, más herramientas se construyen para toda la vida.

¿Los padres tienen que participar en la terapia infantil?

Sí, y es una de las características que distingue a la psicología infantil bien hecha de la que no lo es tanto. Un niño no cambia de forma aislada: vive en un sistema familiar, y sus dificultades tienen siempre un contexto relacional. Por eso, en la intervención psicológica con niños la implicación de los padres no es opcional: es parte fundamental del proceso.

Esto no significa que los padres estén fallando ni que deban ser «corregidos». Significa que cuando un niño tiene, por ejemplo, dificultades para gestionar la frustración o miedos intensos, los padres necesitan herramientas concretas para acompañarle de manera efectiva en casa, que es donde pasa la mayor parte de su tiempo. En función de la edad del niño y de la dificultad trabajada, el peso de las sesiones con padres varía: en bebés y niños muy pequeños es muy alto; en niños de edad escolar o adolescentes se combina con sesiones individuales. En Centro Aluna trabajamos con este enfoque integrado desde el principio, porque entendemos que la familia es el primer y más importante agente de cambio.

¿Tiene sentido hacer terapia psicológica después de una pérdida gestacional o un parto traumático?

Esta es probablemente la pregunta más silenciada de todas, y la que más impacto tiene cuando alguien por fin se atreve a hacerla. Las pérdidas perinatales —abortos espontáneos, gestaciones interrumpidas, muerte perinatal— producen un duelo real y legítimo que con frecuencia no recibe el reconocimiento social que merece, lo que complica enormemente el proceso de elaboración. Muchas mujeres sienten que «no tienen derecho a estar tan mal» o que «deberían haberlo superado ya», cuando en realidad están atravesando uno de los duelos más complejos que existen.

Lo mismo ocurre con los partos traumáticos: una experiencia de parto en la que la mujer se sintió ignorada, con miedo, sin control o sometida a intervenciones que no comprendió puede dejar una huella emocional significativa, incluso aunque el bebé naciera sano. La psicología perinatal trabaja específicamente con este tipo de experiencias, con técnicas adaptadas al duelo, al trauma y a la construcción de un nuevo relato sobre lo vivido. Buscar apoyo en estos casos no es «recrearse en el dolor»: es exactamente lo que permite seguir adelante con más recursos.

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